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domingo, 7 de marzo de 2010

SIGNOS Y SÍMBOLOS

El lenguaje como sistema de representación
¿Cómo representa sus ideas, emociones o necesidades para que otra persona las entienda?

En todos los ámbitos cotidianos empleamos el lenguaje. Incluso ahora mismo, mientras lee este texto, usted está utilizando su capacidad intelectual y su potencial lingüístico. Pero ¿qué es el lenguaje?, ¿cómo funciona?, ¿cómo está constituido?

Es indudable que usted tiene respuestas para estos interrogantes, ya que usa el lenguaje en actos concretos, con intenciones diversas, en contextos muy variados. Pero también hay disciplinas que estudian el funcionamiento de los sistemas de significación, tales como la lingüística, la sociolingüística, la pragmática y la semiótica. Conocer más sobre estos estudios le permitirá emplear el lenguaje con mayor acierto y lucidez.

Ahora bien, responder a estos interrogantes es un largo proceso que ha producido muchas páginas de estudios e investigaciones sobre el tema. Pero para nuestros fines nos limitaremos a extraer nociones que nos permitan observar los eventos personales y socioculturales cotidianos, así como interpretar y producir discursos (actos de habla orales o escritos) de manera más dinámica.

Comencemos entonces esclareciendo aspectos generales del lenguaje. Acerca de este saber, ha escrito Kenneth Goodman (1986:15):

¿Qué haríamos sin el lenguaje? Sin duda, aún podríamos considerarnos inteligentes, pero nos sentiríamos tremendamente frustrados. El lenguaje nos habilita para compartir nuestras experiencias, para aprender unos de otros, para proyectar en común y para enriquecer enormemente nuestro intelecto, puesto que nos permite vincular nuestras mentes con las de otros seres humanos.

Mucha gente piensa que si los animales pudieran hablar dirían cosas inteligentes. Sin embargo, no es así por dos razones: sólo los seres humanos podemos pensar simbólicamente, esto es, que sistemas de símbolos arbitrarios representen nuestros pensamientos y a través de ellos nuestras experiencias, sentimientos, emociones y necesidades. Esto es lo que hace posible el lenguaje humano. Experimentamos también una intensa necesidad de interactuar socialmente. Esto es lo que hace necesario el lenguaje humano.

Los dos párrafos precedentes explican que el lenguaje es un medio o herramienta empleada por el ser humano. Escriba con sus propias palabras (parafrasee), para qué sirve el lenguaje, según Goodman:
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QUÉ ES Y CÓMO FUNCIONA EL LENGUAJE

El texto anterior nos ha dicho para qué se usa el lenguaje, y nos ha dejado entrever en qué consiste, pero todavía nos falta saber cómo funciona, cómo entendemos y cómo nos hacemos entender (de otros y a nosotros mismos). Esto nos permitirá formular una definición de trabajo para el concepto de lenguaje y analizar el asunto de la significación, es decir, el proceso de crear y emplear signos.
¿Cómo hace un niño para indicar que quiere su tetero sin señalar directamente al objeto ausente? Lo sustituye por una palabra, por ejemplo ‘tete’, ¿verdad? La mente humana realiza constantemente esta misma operación: suplanta las cosas, por signos; esto es, por representaciones. Los estímulos que recibimos a través de los sentidos se convierten en un sistema de asociaciones que les da significado. Por ejemplo, cierta temperatura se percibe como ‘frío’ o como ‘calor’, en comparación con un conjunto de experiencias previas, sensaciones agradables o desagradables, etc. De este modo, el estímulo se asocia con un contenido y se convierte en una percepción. La mente opera produciendo signos, representaciones de hechos, eventos, objetos que pueden ser reales (del mundo físico) o imaginarios (de la fantasía, de la creatividad, de mundos posibles). La comunicación se hace posible gracias a estos signos compartidos.

Este proceso de representar la realidad (o la irrealidad) para darle significado dentro de un sistema de asociaciones, es lo que en sentido amplio se entiende por lenguaje. A continuación presentamos algunos ejemplos de signos que hacen parte de distintos tipos de lenguaje. Observe los diversos sistemas de asociaciones a los que remite cada signo, así como el ‘mundo’ al que pertenecen (las matemáticas, el tráfico, la geografía, las finanzas, etc.):

¿Cómo representarías el planeta tierra?.
¿Cómo podemos representar, por medio de un dibujo, el concepto de paz?
Realiza una representación visual del tiempo.
¿Qué representa un billete?
Piense en otra forma para representar ideas:

En cada uno de los casos anteriores hay un signo que está en lugar del objeto (del animal, de la persona, del evento, del proceso) al que se refiere. El lenguaje es un mecanismo que suplanta objetos por signos (gestos, dibujos, ruidos, colores, etc.) para llevar a cabo actos comunicativos y de pensamiento. Esta sustitución o reemplazo recibe en los estudios lingüísticos el nombre genérico de representación. Pero, aunque parezca obvio, es importante recordar que los signos no son las cosas mismas. Así lo expresa poéticamente la escritora argentina Alejandra Pizarnik:

No. Las palabras no hacen el amor.
Hacen la ausencia:
¿Si digo agua, beberé?
¿Si digo pan, comeré?

Estos versos se refieren a la esencia del lenguaje: éste sustituye, está en lugar de la cosa, de la idea, pero no es la cosa ni la idea misma. Esta diferencia se hace bastante difusa en el mundo contemporáneo, en el que las representaciones nos inundan casi más que las cosas representadas. Los políticos y los publicistas, por ejemplo, a menudo tienen sofisticados recursos para hacer que su público se satisfaga con los signos de paz o de felicidad sin necesariamente obtener las cosas mismas a las que dichos signos remiten. Estamos, pues, sumergidos en un mundo de signos que necesitamos interpretar cada vez con mayor criterio si no queremos ser manipulados involuntariamente por ellos todo el tiempo.

UN MUNDO DE SIGNOS

Los seres humanos estamos rodeados de signos, y en algunas regiones la saturación en cantidad y variedad es enorme. Con frecuencia estamos “abarrotados” de avisos publicitarios, informes económicos, cartas, solicitudes, instrucciones, narraciones ilustradas, facturas, ensayos, explicaciones científicas, canciones, y muchos otros grupos de signos que influyen sobre nuestra percepción de la realidad. Cada uno de los casos anteriores, a su vez, está compuesto por un conjunto de elementos diferentes: palabras, ilustraciones, cuadros, números, sonidos, etc. Así, las personas con acceso a diferentes medios de comunicación nos vemos obligadas a interpretar diferentes actos comunicativos, con intenciones particulares, y expresados de diferentes maneras. Así, proliferan los mensajes orales, señas, letreros con ilustraciones y palabras escritas, obras de arte, para citar algunos ejemplos.

Pues bien. Para efectuar esta interpretación de manera más consciente es útil aclarar los conceptos de signo y de código. Se entiende por signo la asociación entre un estímulo y un contenido: vemos el semáforo en rojo (estímulo) y sabemos que hay que detenerse (contenido). El signo es, por consiguiente, un evento percibido a través de los sentidos que nos da información distinta de lo que es en sí mismo. Hay, por ejemplo, signos auditivos (el sonido de un timbre para abrir la puerta); visuales (una flecha que indica el camino a seguir); táctiles (los puntos resaltados para los invidentes en el sistema Braille); olfativos (el aroma de la cocina nos indica, en un momento dado, que se nos quemó la sopa): gestuales (un dedo en los labios para pedir silencio); rituales (ponerse de rodillas como en la misa); y así sucesivamente.

Los signos se clasifican en: primarios, secundarios y naturales, según su intención comunicativa. Veamos.

Los signos creados por los seres humanos con la intención de decir, informar, advertir, o elaborar mensajes de un modo directo se denominan signos primarios y operan dentro de amplios sistemas de reglas, generalmente complejos. Ejemplos de ellos son las palabras habladas, que cobran sentido sólo dentro de las reglas gramaticales de una lengua, y las señales de humo, que siguen un sistema específico que las codifica.

También existen los signos naturales: el sabor a descompuesto, el olor a podrido, el humo en un incendio, o las nubes oscuras. Estos aspectos de la naturaleza son interpretados por las personas como señales de algo. No son signos primarios porque no fueron creados por la sociedad con la intención de comunicar, aunque el ser humano les asigne un significado.

Se denominan signos secundarios a los objetos creados por el ser humano sin la intención directa de establecer comunicación, tales como el vestido, las viviendas y edificios, los perfumes, los automóviles. Sin embargo, estos objetos comunican o indican algo de quien los usa, de quien los elabora, de la cultura que los emplea. Así, en la forma como una persona se viste podemos leer algo de su personalidad y de su modo de pensar; el tipo de auto que una persona utiliza nos indica, hasta cierto punto, su nivel económico, gustos y hasta rasgos de su forma de ser; así mismo, las construcciones de un pueblo, sus edificios y viviendas, nos dicen mucho sobre sus valores, sus creencias, su modo de vida, sus reglas de conducta. Por ejemplo, observe en las tres ilustraciones siguientes cómo la manera de vestir indica algo sobre los tres personajes: ¿qué sabe usted sobre cada una de las tres mujeres al observar su indumentaria (época, clase social, comportamiento, edad, valores, etc.)?

Desde esta perspectiva, todas las cosas, los hechos, las actitudes podrían ser signos. No obstante, para que algo sea considerado signo primario, debe:
- tener un significado (un referente),
- ser emitido por alguien (emisor) para alguien (un receptor),
- tener una intención, es decir, ser empleado con un propósito;
- ambos, emisor y receptor, estar de acuerdo sobre lo que ese algo significa (contenido)
- estar inserto en un sistema que le da sentido (código);

El universo, pues, se nos presenta como un inmenso texto poblado de signos que indican, sugieren, conminan, invitan y desafían nuestras habilidades interpretativas. Mire a su alrededor y contemple su entorno con esa actitud: ¿de qué es signo cada objeto que observa o cada evento que percibe? Al realizar ese pequeño ejercicio se dará cuenta también de que cada signo está conectado a un sistema de asociaciones mucho más amplio que le da significado. Por ejemplo, un segundo de silencio adquiere un significado muy diferente si ocurre dentro de una canción, dentro de un ritual, o dentro de una conversación. Esto nos remite a los conceptos de sistema y código.

CONCEPTOS BÁSICOS DE SISTEMA Y CÓDIGO

Los signos no funcionan aislados, sino dentro de sistemas de significación, esto es, actúan según ciertas reglas, con valores y funciones de acuerdo con el contexto. Un sistema, en general, es una estructura compuesta por elementos variables que se relacionan entre sí según ciertas reglas, para cumplir una función o propósito. Por ejemplo, el sistema respiratorio humano tiene la función de oxigenar el cuerpo; sus elementos son los pulmones, los bronquios, la nariz, la laringe, etc.; sus reglas incluyen la contracción y la expansión de los pulmones en contraste con la fijeza de la nariz y la laringe, entre otras muchas reglas de comportamiento de los distintos elementos para que el sistema cumpla su propósito.

Un sistema de signos y reglas establecido con el fin de comunicar se llama un código, y su función específica es la significación. Es decir, un código es un sistema cuya función o propósito es comunicar. Ejemplos de códigos son la clave Morse (sonidos y silencios para enviar mensajes), el sistema de banderas que usan los barcos para comunicarse, las señales tránsito, y otros muchos. Un código privilegiado en la cultura es la lengua o código lingüístico.

En el código lingüístico, una de las reglas fundamentales tiene que ver con el lugar en que se encuentren los distintos elementos. Por ejemplo, con las letras A –O –R- M se pueden formar palabras como AMOR, ROMA, MORA, ARMO, RAMO, pero no RMOA ni AORM, en español. Con las palabras: “amo – necesito - te – mucho – por – lo – que” se puede expresar, con diferente sentido: “te amo por lo mucho que te necesito” o “te necesito por lo mucho que te amo.”

Por otro lado, es importante darnos cuenta de que, obviamente, los códigos son sociales. Implican un sistema de convenciones explícitas y socializadas, es decir, requieren que una comunidad acepte que “tal cosa” significa “tal otra”. A esto se le denomina una convención: ponerse de acuerdo sobre la asociación entre un estímulo y un contenido. Una convención común en la vida política contemporánea es el caso de las banderas, para las cuales una sociedad acepta que un grupo de colores y formas representen ciertos ideales comunes, momentos históricos o aspectos geográficos que la identifican.

En resumen:
Un sistema es una estructura de elementos que se relacionan dinámicamente entre sí bajo ciertas reglas para cumplir un propósito.
Un sistema organizado con el propósito de producir mensajes es un código.
Los signos son asociaciones entre un estímulo y un contenido. Adquieren significación al estar regidos por un código.
El lenguaje es el proceso humano de representar a través de signos.

Posiblemente el código más importante que ha logrado construir y perfeccionar el ser humano es la lengua o idioma, compuesta por signos lingüísticos (las palabras). Pero los idiomas son solo una parte del lenguaje en general, que incluye muchos otros códigos:

LENGUAJE

Códigos Paralingüísticos Códigos Extralingüísticos
Apoyan o sustituyen la palabra: No se emplea necesariamente la palabra, sino entonación, gestos... otros sistemas de signos.

con un poco de detalle algunos de ellos:
1. Códigos lingüísticos. Son las lenguas o idiomas (aproximadamente 3.000 en todo el mundo), originalmente establecidas de forma oral, aunque muchas han adoptado posteriormente algún sistema de escritura. Se entiende por lengua el sistema de signos regidos por reglas gramaticales que comparte una comunidad humana para producir mensajes a través de las palabras. Las reglas están dadas por los niveles:
. fonológico: los sonidos o fonemas que componen los signos-palabras;
. semántico: los significados que se asignan a las palabras;
. sintáctico: el orden de las palabras para producir sentido en oraciones;
. morfológico: la formación de las palabras mismas a través de prefijos, lexemas o raíces y sufijos o terminaciones.
. pragmático: los usos sociales e intencionalidad práctica de cada mensaje.

Cuando un extranjero pronuncia ‘pero’ en lugar de ‘perro’ notamos una falta en el nivel fonológico. Una diferencia semántica entre los españoles y los colombianos es que aquellos dicen ‘piso’ en lugar de ‘apartamento’. Se nota una diferencia sintáctica entre muchos caribeños cuando preguntan “¿Cuándo tú vuelves?”, en vez del más común “¿Cuándo vuelves tú?”, de otros países. “Transporte” y “transportación” son variaciones morfológicas para sustantivar el mismo verbo. En Antioquia, la expresión “Ave María” tiene un uso pragmático mucho más allá del contexto religioso.

Una buena manera de identificar estos distintos niveles es a través de los errores. Recordemos expresiones de los niños, o de adultos, que están aprendiendo la lengua castellana. ¿Qué “errores” cometen cuando hablan? ¿De qué tipo son? Ilustremos:

Acordóneme los zapatos: __________________
Yo no hicí ese dibujo: __________________
Quielo comel clispetas: __________________
Dibujé la agua del mar: __________________
Abuelita -¿usted por qué camina tan feo? __________________
Yo ya me ha visto esa pelúquila __________________

2. Códigos paralingüísticos. Apoyan, complementan o sustituyen la lengua oral en los procesos de la comunicación. Existen tres tipos, a saber:

2.1. Los relevos del lenguaje: A este grupo pertenecen todos los sistemas de escritura (a excepción de la ideográfica) tales como la escritura alfabética y silábica, el sistema braille, la clave Morse, y todas las señales que representen de forma equivalente los sonidos de la lengua. Son, pues, una simple recodificación del lenguaje hablado o articulado. La estructura lingüística es la misma, lo que cambia es la sustancia sensible utilizada, que ya no es el sonido a través de la garganta, sino otro tipo de estímulo (visual, auditivo o táctil).

La escritura, entonces, es un relevo del lenguaje articulado o hablado. Sin embargo, no se escribe como se habla, en razón a que tanto el registro oral como el escrito tienen sus propias reglas de uso.

2.2. Los sustitutos de la lengua (del código lingüístico): estos códigos no representan el lenguaje articulado, sino que lo sustituyen; por ello, son autónomos con sus propias reglas, ya que establecen la comunicación en forma alterna a la lengua. Por lo tanto no necesitan de la palabra, sino que representan conceptos que cualquier hablante de diferentes lenguas podría reconocer. Observemos algunos casos:

. La escritura ideográfica: aquí, los signos se estructuran, no para representar palabras, sino ideas o conceptos. Tal es el caso de la escritura de las matemáticas y la química, para citar dos de ellas. Por ejemplo: x(a+b) = xa + xb en matemáticas

. La escritura pictográfica: construida, básicamente, con dibujos e ilustraciones. Los jeroglíficos, los mapas, las caricaturas, las tiras cómicas, los gráficos estadísticos, entre otros, son un buen ejemplo; adicionalmente, ésta se realiza a través de dibujos realistas, es decir, figuras que imitan y describen la realidad. Veamos algunos casos concretos:

2.3. Códigos auxiliares de la lengua: tienen por objetivo apoyar los signos lingüísticos para enriquecerlos o ampliarlos en su significación. Los elementos de un código auxiliar, considerados como síntomas, son de naturaleza expresiva, y muchas veces llegan a sustituir el código lingüístico mismo, dejando de ser auxiliares. A su vez, se clasifican en:

. Códigos prosódicos: se utilizan las variaciones e intensidades en la voz y en la entonación. Bástenos mencionar la interrogación, la admiración, la exclamación, las órdenes; éstas se realizan en los actos orales mediante cambios de entonación.

. Códigos kinésicos: forman parte de la expresividad corporal y hacen referencia a los gestos, miradas, carraspeo, fruncimiento del ceño, guiño de los ojos, etc.

. Códigos proxémicos: relacionados con el espacio dejado entre los interlocutores, a la posición y el movimiento del cuerpo y a la utilización de los medios ambientales. En la cultura latinoamericana, por ejemplo, el espacio dejado entre los hablantes es pequeño, entre 30 y 50 centímetros más o menos; en cambio, para los europeos y norteamericanos, esta corta distancia es un “irrespeto” a la privacidad de su espacio personal.

3. Códigos extralingüísticos. Se caracterizan porque funcionan independientemente de la lengua y están en estrecha relación con la cultura. Son numerosos y se encuentran en la vida familiar, religiosa, artística, científica, entre otros.

3.1. De estos códigos, los más conocidos son los sociales, cuyo propósito es el de significar la interacción en diferentes ámbitos: normas, roles, costumbres, etc. Para su codificación, se pueden emplear signos lingüísticos (palabras orales o escritas) y no lingüísticos.

Estos códigos se catalogan en:

· Signos de identidad: registro civil, insignias, símbolos patrios, uniformes, maquillajes y tatuajes.
· Signos de cortesía: fórmulas y saludos, tonos especiales y gestos convencionales inclinación de cabeza, estrechón de manos, abrazo, besos, etc.
· Costumbres, hábitos y utensilios que, en su empleo, comunican valores, clase social, identidad étnica, etc.: alimentos, comercio, muebles, urbanismo, instrumentos y maquinaria.
· Ritos y reuniones: religiones, protocolos y etiquetas, fiestas, regalos, noviazgo, matrimonio, clan, gremio; beso y dar la mano al saludar o al despedirse… y demás signos relativos a las comunidades.
· Militares: saludos, insignias, uniformes…
· Indumentarias: como el vestido; también, las danzas y costumbres predominantes.
· Juegos y diversiones que comunican algo sobre quienes los practican: deportes, espectáculos, competencias…
· Patrimonio político y cultural: leyes, valores, medios de comunicación, ciencias y arte.

Algunos de estos códigos sociales no tienen una intencionalidad comunicativa directa, y por tanto serían signos secundarios, pero se constituirán en códigos en la medida en que las personas o los grupos sociales les atribuyan significado. Por ejemplo, en la cultura occidental es muy usual que si a una persona la invitan a una boda, inmediatamente se plantee cuestiones como estas: ¿Qué me pondré?, ¿qué se usa actualmente para estos eventos?, ¿qué color debe tener el vestido, si la reunión es en el día?

3.2. Otro tipo de códigos paralingüísticos lo constituyen los estéticos. Estos corresponden a la elaboración y comunicación de la experiencia humana a través del arte en todas sus manifestaciones. Así, en la literatura, los signos son polisémicos (tienen múltiples significados) y abunda la simbología; un rasgo distintivo es el empleo de metáforas, de símiles y de comparaciones. La pintura, por su lado, se apoya en signos pluridimensionales como el color, la intensidad, la perspectiva y el mayor o menor predominio icónico. En cuanto a la música, se vale de signos acústicos, pero aprovecha la riqueza que proporciona el tono, la intensidad, la cantidad, el timbre, el silencio, el ritmo y demás características del sonido, para constituir una armonía melódica. Cabe anotar que dentro de los códigos estéticos se encuentra la arquitectura con sus edificios, templos, palacios, monasterios, museos y otras edificaciones.

3.3. Los códigos científicos o técnicos se emplean en el mundo de las ciencias: física, química; pero también en el contexto tecnológico, en especial la informática, en donde se han generado múltiples formas para codificar la información. Por un lado está el lenguaje con que se programan las máquinas, pero también el lenguaje icónico (en realidad mixto) con que los usuarios interactuamos a través del computador, el código de la Web, del correo electrónico, entre otros.

Podemos afirmar entonces que, aunque en cada grupo humano la diversidad de códigos puede ser mayor o menor, la simbología siempre presentará variaciones según el contexto social dando lugar a una multiplicidad de lecturas o interpretaciones. Esta riqueza de sistemas comunicativos nos revela la fascinante amplitud de la mente humana en su anhelo insaciable de elaborar la experiencia del mundo y de abrirse a universos posibles en un proceso de expansión constante.


EN SÍNTESIS: el lenguaje es la capacidad humana para representar ideas, pensamientos, necesidades, sentimientos, deseos, ideales, etc. Dicha representación se logra gracias a la función simbólica; es decir, al poder de la mente para idear, inventar, elegir imágenes mentales que sustituyen las cosas, los eventos, los procesos. Todo lo que vemos, escuchamos y sentimos está codificado dentro de una época, un estilo de vida, una nación, una forma de ser… Por eso cada cosa percibida es, en última instancia, un signo.

Aprender a leer el mundo que nos circunda –en la televisión, en la Internet, en el periódico, en los textos científicos – requiere conocer y dominar las diversas formas de codificación. El conocimiento de los diferentes códigos también nos habilita para producir nuevos mensajes, elaborar nuestra propia experiencia y comunicarla o inclusive crear nuevos códigos.

BIBLIOGRAFÍA

Ávila, Raúl. La lengua y los hablantes. México: Trillas, 1984.
Goodman, Kenneth. El Lenguaje Integral. Méndez de Andés, Argentina. Aique, 1986
Guiraud, Pierre. La Semántica. México: Fondo de Cultura Económica, 1960.
Guiraud, Pierre. La Semiología. México: Siglo XXI, 1983.
Niño Rojas, Victor Miguel. Los Procesos de la Comunicación y del Lenguaje. Santafé de Bogotá: ECOE, 1994.
Osorio Jaramillo, Ángela. Semiótica. Serie Español No. 10. Medellín: U. de A. Facultad de Educación, 1986

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